Ida y vuelta al horrible cielo


Previamente publicado en Diario Rombe.

Fuente: http://www.flickr.com/photos/elsextoreplicante/188633347/sizes/l/in/photostream
Fuente: http://www.flickr.com/photos/elsextoreplicante/188633347/sizes/l/in/photostream

Recordar esa etapa de mi vida me trae imágenes de mucho sufrimiento. Arena, mucha arena y más arena del desierto. Muchas horas de camino y más de un transporte como polizonte en camiones. También me viene a la memoria frío, mucho frío a la luz de la luna, primero del desierto maliense, pasando por el argelino para llegar, finalmente, al marroquí (que no se interprete de esta enumeración que fue sencillo). Oscuridad, carreras en la noche, inseguridad, miedo, añoranza de lo dejado atrás, pero ilusión por buscar esperanza en mi vida para mí y los míos. Caminatas de día y carreras de noche durante tanto tiempo, que no sabría decirte…;¡porque la libertad no tiene horarios!

Caminatas de día y carreras de noche durante tanto tiempo, que no sabría decirte…;¡porque la libertad no tiene horarios!

Hace ya varios días y varias noches que emprendí este viaje desde mi ciudad natal Mopti (Mali). Quedarme sin trabajo fue fatal para mi mujer, mis tres hijos y para mí. Decidí partir, no fue fácil. El soborno que la policía de mi ciudad me pedía para “ayudarme a conseguir la documentación” era demasiado grande para poder afrontarlo ya que, sin trabajo, lo peor que podía hacer era dejar a mi familia con una deuda. Decidí partir y ahora estoy aquí, encerrado en algo que en España llaman CIEs pero que la gente que me acompaña identifica como cárcel. Me duele la cabeza, todavía me escuecen las heridas e incluso alguna se me está infectando, y el tobillo roto no se desinflama. Ya llevo 2 meses aquí y nadie me dice cuál fue mi delito más allá de buscar la libertad y romper eso que ellos llaman “fronteras de su país”. Ni rastro de ninguna oportunidad para regularizar mi situación. Tengo tiempo para pensar; pienso mas ¿existo?

Ya llevo 2 meses aquí y nadie me dice cuál fue mi delito más allá de buscar la libertad y romper eso que ellos llaman “fronteras de su país”. Ni rastro de ninguna oportunidad para regularizar mi situación. Tengo tiempo para pensar; pienso mas ¿existo?

Presiento que estoy cerca y algunos letreros en árabe y en español indican Melilla; mi puerta, nuestra puerta hacia la libertad – no los olvido. A media noche llego, estoy delante de eso de lo que tanto me habían hablado pero que no alcanzaba a imaginar; lo llaman frontera y trata de separar en trozos lo que Dios hizo inseparable y no alcanzo a entenderlo. Guardias custodian, guardias ponen barreras al mundo ante mi incrédula mirada, mas no me parará porque mi libertad, nuestra libertad está en juego – no los olvido. Espero paciente y nervioso porque al otro lado de esa valla metálica se encuentra todo por lo que he venido luchando desde que dejé mi ciudad.

¡Ahora nadie mira! Corro, me aferro fuertemente a ella– fría, mojada por el rocío – y trepo en la oscuridad. Con la excitación y los nervios desde la distancia no las había visto pero ahora estoy aquí, delante de ellas, y sólo la sangre me proporcionará – nos proporcionará – la libertad. Es doloroso. Algunas de ellas llegan a desgarrarme la piel, no por un sitio sino por varios, mientras trato de protegerme la cara – esto debe ser lo que se siente al ascender al cielo, el dolor previo a la gloria. Llega un punto en el que el dolor me puede, pierdo el equilibrio y caigo pero lo hago dentro, en el cielo. El grito ahogado que me provocan ellas y la caída llama la atención de los guardias. Magullado en el suelo y medio inconsciente los veo venir, tiendo la mano para recibir ayuda y noto cómo el primer golpe de libertad (o realidad) impacta directamente en mi estómago; el segundo es más certero, me deja inconsciente. Todo es culpa de ellascuchillas las llaman.

Magullado en el suelo y medio inconsciente los veo venir, tiendo la mano para recibir ayuda y noto cómo el primer golpe de libertad (o realidad) impacta directamente en mi estómago; el segundo es más certero, me deja inconsciente. Todo es culpa de ellascuchillas las llaman.

Lo siguiente que recuerdo es despertar en este mismo cuarto. Tengo hambre, debo de tener alguna costilla rota tras las palizas que he recibido aquí – “la hora del patio”, lo llaman. Me duele la cabeza, todavía me escuecen las heridas e incluso alguna se me está infectando, y el tobillo roto no se desinflama. Ya llevo 2 meses aquí y nadie me dice cuál fue mi delito y nadie me da la oportunidad de regularizar mi situación… Tengo tiempo para pensar; pienso mas ¿existo? Dicen que mañana me devuelven de donde dicen que vengo: África. Ahora empieza el viaje de vuelta del horrible cielo que he conocido. Hasta luego España.

Texto ficticio cuyo objetivo es tratar de narrar en primera persona la que no es la historia de nadie, mas es la historia de todos los y las compatriotas que llegan a España siendo acusados de estar buscando la salida fácil, siendo simples números, simples estadísticas… Espero, con esto, ayudar en algo a dar vida al hecho; un hecho para el conocimiento del cual el Presidente del Gobierno de España parece necesitar de un informe. Vergüenza. Historia completamente inventada.


Un artículo de Fernando Ntutumu Sanchis. Coordinador del Grupo Afrosocialista del PSPV-PSOE.

logo ntutumu banner

Licencia de Creative Commons

Este obra cuyo autor es Fernando Ntutumu Sanchis está bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s