Razones por las que las primarias no deben ser abiertas


Previamente publicado en Diario VLC News.


Fuente: Wikipedia
¿Son las elecciones primarias beneficiosas?
Aunque no lo parezca, las primarias cerradas podrían suponer los mismos beneficios que las abiertas pero con menores costes. Si se articulan correctamente (es decir, fomentando el debate de ideas y abriendo estos – en éste sentido sí – a toda la ciudadanía), podrían conseguir (1) mismo grado de apertura, transparencia y rejuvenecimiento de la estructura y, al mismo tiempo, (2) no se fomentaría la creación de ‘deudas a terceros’ para la financiación de grandes campañas (con la que venderse al gran público); (3) se reduciría el riesgo de corruptelas y (4) de huída de militantes, con la consecuente acentuación del elitismo   ya imperante en los mismos.

La renovación es necesaria

Es evidente que en España hay problemas de carácter político. Problemas de profundo calado que tocan la Constitución, Leyes Orgánicas, funcionamiento de la Administración Pública, transparencia, Justicia, separación de poderes y un largo etcétera. También es cierto que España no es tan different como nos creemos. ¡Que no estamos tan mal!, diría Laporta. Sin embargo, no podemos obviar el contexto y, por tanto, hay que empezar a buscar soluciones.

En este ambiente de crisis (entiendo crisis como ese momento inventado para acometer cambios), los partidos políticos buscan renovarse y, también, surgen partidos nuevos aprovechando lo que se suele llamar «ventanas de oportunidad» (John Kingdom). En éste caso, quiero hacer referencia a una de las estrategias de renovación que se están siguiendo: las primarias abiertas.

Se dice que las primarias abiertas buscan responder a las reclamaciones, por parte de la ciudadanía de más apertura y representatividad de los partidos (y no lo dudo). Sin embargo, ¿es la herramienta apropiada para los fines que se buscan? En este artículo, me centro en el primer aspecto, la apertura.

Las primarias abiertas no abren el partido

Las elecciones primarias abiertas del partido socialista francés, el éxito que el candidato Françoise Hollande alcanzó tras las mimas, han hecho entrar con esta idea en el debate de la política española (aunque, posiblemente, no era ni una cuestión que la ciudadanía hubiese considerado). El PSOE, escuchando (eso sí) muchas voces dentro del mismo, se ha decidido a elegir a su candidato por primarias abiertas pero ¿es eso lo que se pide? Es más, ¿es eso lo necesario para hacer el partido más abierto?

¿Qué se entiende por apertura? Si nos paramos a reflexionar, el hecho de que una mayor cantidad de ciudadanía esté habilitada para decidir el candidato de uno o varios partidos en sí mismo no supone un cambio demasiado grande. Aún sometiéndose a esto, la selección de los candidatos a las primarias sigue surgiendo de la dinámica interna del mismo. Asimismo, las ideas de ambos candidatos irán, inevitablemente, en concordancia con el ideario de la estructura del partido en su conjunto o, al menos, de la mayoría de afiliados. De lo contrario, es bastante probable que no sea elegido (partimos del supuesto que la participación será mayor entre los afiliados que entre el público en general). ¿O a caso un candidato socialista a favor de la privatización de todos los servicios públicos reuniría los avales necesarios? Habrá quien responda afirmativamente. Yo, personalmente, lo dudo.

Como vemos, la elección del candidato sigue retenida, como si de unas primarias cerradas se tratara, a los propios militantes, a los avalistas del candidato. Además, en el caso de abrirse, es muy probable que el partido establezca algún tipo de «declaración de votante afín» por la que éste trata de asegurarse que no hayan votantes cuyo interés sea el opuesto al suyo (lo cual es totalmente imposible de controlar, al menos en núcleos de población medianos y grandes). Ante esto, surge el siguiente problema: el poder de los grupos organizados. No solo hablo de los grupos opuestos al partido o a la ideología misma del partido que abre su proceso de primarias (lo cual es totalmente factible y distorsionador del proceso) sino al hecho de que unas primarias conllevan la creación de grupos de interés, a bandos y, por tanto, a dinámicas de competición. Unas dinámicas estas que, como es lógico, acaban ganando siempre los mismos: los que tienen dinero, medios de comunicación, recursos organizativos (apoyo de la estructura del partido) y, por tanto (o además), recursos humanos, «currelas». No obstante, y aún sin dejar de ser elementos a considerar, en el caso de unas primarias cerradas, estos elementos perderían fuerza y lo ganaría el intercambio de ideas, el debate.

No fomentan el debate y podrían ser contraproducentes electoralmente

Llegados a este punto, recapitulo ideas. He apuntado que:

(1) Como apunta e Profesor Romero (en un artículo de 2006), de la Universidad Complutense de Madrid, la participación abierta a toda la ciudadanía se estaría produciendo sólo en una mínima parte de esos sistemas políticos, a escala reducida, que son los partidos;

(2) No es totalmente universal o, al menos, no tiene porque serlo ya que existe la posibilidad de establecer filtros;

(3) Grupos exteriores pueden distorsionar y grupos internos crean lobbies.

La opinión pública española nunca ha percibido la contienda como algo positivo.¿A quién se le ocurriría encomendar sus asuntos a un bufete de abogados escindido en dos?

Como también apunta Romero en el mismo artículo (he de señalar que) referente a la democracia interna de los partidos latinoamericanos, el mecanismo de primarias conduce a una excesiva personalización, enfrentamiento, a lo que llama “balcanización partidaria que erosiona las bases del juego político”. Asimismo, la literatura también afirma que, en este tipo de de contiendas, los partidos políticos, en base a esta tendencia a la personalización, olvidan los programas. ¿Es esto beneficioso cuando se tacha a la política española de falta de ideas (y de compromisos? Además, calzándonos los zapatos del pragmatismo, de lo que un asesor/a político debería decir a la dirección partidista que asesora, la opinión pública española nunca ha percibido la contienda como algo positivo y, mucho menos, en los partidos con posibilidad de gobierno o en el Gobierno. El profesor de política y asuntos púbicos de la Universidad de Princeton, Carles Boix, en un artículo titulado «Las elecciones primarias en el PSOE», ilustra esto muy gráficamente cuando dice ¿A quién se le ocurriría encomendar sus asuntos a un bufete de abogados escindido en dos?

Aumentaría el riesgo a «endeudar» y/o corromper al candidato/a

Siguiendo con el punto de la apertura del partido, me gustaría preguntarle al lector si cree que el hecho de poder optar entre un candidato u otro, dentro de un partido, lo hace más abierto y transparente.

El este pequeño efecto  positivo que pueden tener este tipo de procesos, a mi modo de ver, quedaría ensombrecido por el incremento del riesgo en la creación de deudas de los candidatos. Deudas no sólo con distintos sectores o «familias» dentro del partido, sino con patrocinadores (políticos y/o económicos) – llegando, incluso a derivar en corrupción o financiación ilegal. Si la posibilidad/riesgo de corromper existe cuando hablamos del «aparato» de un partido al completo, ¿no os parece que será más fácil de «comprar» al candidato o candidata más débil y, posiblemente, sin ayuda de la estructura del partido? Porque no olvidemos que, de cara a unas primarias abiertas, se necesita publicidad y no basta con buenas palabras. Sin embargo,en unas primarias cerradas, la necesidad de publicidad, financiación y riesgo de corrupción podrían ser mucho menores ya que dentro del partido todos se conocen. Ante esto, muchos argumentan que unas primarias abiertas rompe redes clientelares pero yo pregunto ¿sólo hacen esto las abiertas? No creo que así sea. Creo que este proceso de tensión, de sacudida a las estructuras – extremadamente beneficioso – se produciría, igual, con unas primarias cerradas y nos ahorraríamos excesos de personificación y mayores riesgos de corruptela.

¿No os parece que será más fácil de «comprar» al candidato o candidata más débil y, posiblemente, sin ayuda del «aparato» del partido? Porque no olvidemos que, de cara a unas primarias abiertas, se necesita publicidad y no basta con buenas palabras…

La fuga de militancia podría acentuar el carácter elitista del partido

Otra de las críticas que se hace a los partidos es su excesivo elitismo. Se argumenta esto haciendo referencia a unas élites, las de Madrid normalmente, que parecen no estar en contacto con la realidad y, posiblemente, en muchos caso, estén en lo cierto (no en todos, por supuesto). La literatura sobre politológica, en el caso de un proceso abierto, presupone efectos positivos como mayor participación ciudadana (eso seguro, la pregunta es ¿cuánta más?), candidatos más afines a la ciudadanía (¿qué ciudaanía?, podríamos preguntarnos). No obstante, ante esto hay una reacción psicológicamente muy lógica: fuga de afiliados.

Ante una pérdida de derechos de gran alcance como es la pérdida de la exclusividad de elegir al candidato por su partido (¡ya sólo falta que elijan a mi Secretario/a General!, pensarán), el militante tiene menos incentivos para pagar los costes temporales y monetarios que supone estar en un partido. Por tanto, esto le podría llevar a abandonar el partido. Teniendo en cuenta que el militante es, según la Ley de May, más ‘radical’ que la élite, ¿no supondría esto un mayor aislamiento de los políticos en puestos directivos? (para entender esto de la Ley de May, sugiero revisar, al menos, este artículo de Baras, Barberà y Barrio; páginas 6-7) Si a la ciudadanía no se le está dando la oportunidad de ‘cantarles las cuarenta’ (de ahí la distancia política ciudadanía alegada) y, los que podrían tenerlos (los afiliados) la pierden, ¿dónde queda el nexo de conexión calle – político directivo?

Apertura: ¿qué propongo?

Unas primarias cerradas, en la que se produjese una reducción de los avales necesarios para presentarse (no apunto porcentaje) y en la que fuese obligatorio un cierto número de debates entre los participantes. Los avales son, de facto, una barrera normativa para la pluralidad. Yo no las podría reunir aunque tuviese mejores ideas que otro y, eso, supone una ineficiencia para el sistema (se malgastan recursos humanos). Algunas verán esto como una ineficiencia y otros lo verán como un mecanismo para proteger a las familias y sus distintos liderazgos. Pues bien, yo propongo una barrera normativa menor, más pluralidad y debates abiertos para que tanto la ciudadanía en general (aunque no votara) con los y las afiliadas puedan evaluar las ideas de las candidaturas.

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