¿Transición de régimen en España?


Se ha de producir una transición de régimen, ya que el tablero de juego ha cambiado.

El roto

En una época de incertidumbre, de cambios constantes y terremotos políticos, algunos se atreven (nos atrevemos) a tratar de leer la realidad.

Que el PSOE se encuentra en una situación de decadencia (que no tiene porque ser irreversible) en todos los sentidos es algo que veíamos desde hace bastante tiempo atrás -demasiado diría yo. Que en España había una corriente muy grande -por no decir mayoritaria- de indignados e indignadas, también era algo evidente. La sorpresa ha sido que de la indignación se haya transitado a la acción, ya que no siempre sucede así. España lleva desde 2011 indignada y levantando el puño para golpear la mesa. En 2014, en concreto el 25 de mayo de 2014, el puño ha contactado con la mesa y ha sacudido todo lo que había encima: privilegios. Esta es mi lectura.

Hoy el rey abdica en su hijo Felipe VI. Estoy convencido de que en estos momentos Juan Carlos se arrepentirá de no haberlo hecho antes, ya que ha ido a hacerlo en el momento en el que la ventana de oportunidad para la III República, tras el resultado de Podemos e Izquierda Unida en las elecciones europeas, es más evidente. Juan Carlos ha abdicado en el momento en el que se está produciendo un claro auge de la indignación y la de fe en las posibilidades de cambio. ¿Por qué no lo haría antes, cuando lo teníamos todo bajo control? -se preguntará.

Se está llevando a cabo una revolución moderna que busca el fin de los privilegios.

Cuando leo las noticias, escucho a gente indignada y me escucho a mí mismo, no puedo evitar hacer una comparación con lo que sucedió en la Revolución Francesa. Durante dicha revolución y durante las revoluciones liberales que lo siguieron, más allá del establecimiento de unas ideas liberales de derechos y libertades, se produjo un cambio cualitativo: el fin de los privilegios.

Destaco la palabra fin porque sería incoherente hablar de un fin absoluto de los privilegios cuando precisamente mi lectura del asunto es que hoy en día, en España, se está llevando a cabo una revolución moderna que busca eso mismo: el fin de los privilegios. Hoy en día no se habla del fin de los privilegios de la nobleza, sino del fin de los privilegios políticos. Esa es, en mi opinión, la variable explicativa fundamental al espectacular crecimiento de Podemos. Vieja política versus nueva política; nobleza privilegiada versus burguesía; la casta frente al pueblo.

El apoyo electoral a Podemos no sólo lanza un mensaje de “queremos un paso a la izquierda”, ya que, de ser así, habrían apoyado a la izquierda tradicional representada en IU. También lanza el mensaje de la necesidad de dar un paso hacia abajo, hacia la realidad diaria de sus ciudadanos. Me explico: se percibe a los políticos y a la casta política subida en una especie de plataforma bastante por encima del nivel de la calle. Y eso indigna. Indignan, no sólo los recortes sino también los privilegios.

Indignan, no sólo los recortes sino también los privilegios. El Partido Socialista ha de dar un giro a la izquierda, pero, si se queda en sólo eso, será insuficiente.

En el proceso constituyente imprescindible para la supervivencia de los partidos políticos como el PSOE, en mi opinión se ha de tener muy en cuenta esta lectura que aquí hago. Muchos critican que el Partido Socialista ha de dar un giro a la izquierda, pero eso sería insuficiente. La grandísima mayoría de los afiliados al partido, así como de los simpatizantes e incluso votantes del mismo, son incuestionablemente de izquierdas. El problema no son estos, sino la casta.

Cuando hablo de casta no me refiero a todos los altos cargos del partido. No todos lo son. Me refiero, por el contrario, a todos esos cargos que hacen uso de los privilegios que un sistema de valores y leyes caducas permiten a los políticos -léase unas condiciones de jubilación extraordinarias, nivel de vida muy por encima de lo verdaderamente necesario, protección ante la Justicia, monarquía como Forma de gobierno monárquica, etc.

 

 

En conclusión: se ha de producir una transición de régimen, ya que el tablero de juego ha cambiado; se  ha introducido una nueva dimensión política que se sitúa, no sólo en el eje izquierda-derecha, sino también en el de arriba-abajo (privilegiados-no privilegiados). Esta transición que se demanda no significa que la gente ahora sea más de izquierdas. El cambio cualitativo es que la gente, sea de izquierdas o de derechas, no está dispuesta a tolerar privilegios durante más tiempo.


Un artículo de Fernando Ntutumu Sanchis.

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