Acreedores (alemanes) contra votantes (griegos): la historia se repite (una vez más)


Originalmente publicado en Publicoscopia.

Mercados contra gobiernos

Da igual que lo hagas a través de la televisión, la radio o los periódicos. Te informes por donde te informes siempre ves lo mismo: la política sometiéndose a la economía. La (desequilibrada) lucha entre acreedores y votantes es inherente a las dinámicas de la economía política del S. XXI (ver Deudocracia) y la derrota –al menos de momento– de la primera frente a la segunda, un hecho. Ya estamos acostumbrados ello. Pero en ocasiones se hace tan evidente que puede llegar a estremecer al más neoliberal de los neoliberales. A veces tal dominación puede llegar a impresionar por abrumadora.

Ya sucedió en Grecia hace poco más de tres años, en noviembre de 2011, cuando el referéndum que Georgios Papandreu pretendía llevar a cabo para decidir respecto al plan de rescate: la troika lo impidió; Papandreu (el socialista) dimitió como primer ministro; Lucas Papademos (el tecnócrata) le sucedió; los planes se acabaron implementando, la población sufriendo y la democracia secuestrada (y convertida en tecnocracia). Durante el mismo año algo similar sucedió en Italia: Silvio Berlusconi (el mafioso elegido democráticamente) fue sustituido por Mario Monti (el otro tecnócrata elegido por ‘dedazo’) debido a lo mismo que su homólogo griego, léase, por la presión de los mercados financieros y su implacable e inmoral hambre.

Vuelve a suceder (una vez más): los mercados salen de la sombra y sin tapujos coaccionan a la política. Y no sólo eso, coaccionan directamente al elemento fundamental del sistema político democrático: las elecciones. Hace unos días leíamos en la prensa que Alemania, haciendo gala de lo que el recientemente desaparecido Ulrich Beck llamó la Europa Alemana, podría estar amenazando ya que –según informa Der Spiegel– están preparados para que Grecia salga del Euro si Syriza (partido de izquierda radical) gana las elecciones. ¿Somos conscientes de lo que esto significa?

En algún debate que he tenido ocasión de presenciar a través de las redes durante estos días he podido ver como el tema de la deuda es recurrente. “Si no quieren pagar la deuda, que abandonen el Euro” – dicen–, pero no se dan cuenta de que este no es el problema de fondo respecto a las supuestas intenciones del gobierno alemán. El verdadero problema es el de haber traspasado, una vez más, los límites que incluso una estructura a la que sí se le ha cedido soberanía, como es la Unión Europea, no debería traspasar (no digamos, entonces, Alemania): se pretende influir directa y descaradamente sobre un proceso democrático de un Estado Miembro –¿todavía?– soberano.

Soy bastante reticente a que un partido político utilice el argumento del miedo, es decir, del riesgo a ser expulsados de la Zona Euro, para desincentivar el voto por otro. Lo soy porque además opino que cualquier partido, por radical que sea, es consciente de que aun siendo malo para la población el sometimiento a los dictados de carácter neoliberal de la UE, peor es nadar en la soledad de la globalización. Eso sí, la lucha, tras las urnas, sería legítima y valiente. Descabellada, legítima y valiente. Y será así, al menos, mientras la globalización económica sea mayor de edad y la globalización de la política todavía ande en pañales. Soy reticente a que esto suceda dentro de los límites de la política nacional, pero sí es cierto que se trata de una advertencia legítima y sana desde el punto de vista del juego democrático y de la contraposición de ideas. Sin embargo, la influencia de un Estado en las elecciones de otro Estado va en contra de todo respeto de la soberanía nacional. Eso es a todas luces inaceptable.

Las declaraciones hechas desde una Jefatura de Gobierno (y más si se pronuncian desde la Jefatura más poderosa –y, según algunos, imperante– en una de las uniones políticas y económicas más poderosas del mundo, como es la Unión Europea) no son algo que se pueda obviar; son determinantes. Determinantes hasta el punto de que, en mi opinión, podrían alterar el resultado de las elecciones generales que están por celebrarse en el país heleno, lo cual es intolerable y va en contra de cualquier principio de equidad de cara a la pronunciación del plebiscito; supone una coacción a la ciudadanía.

Afortunadamente, Bruselas –y sin que sirva de precedente– ha puesto cordura en el asunto y ha contestado asegurando que la pertenencia de Grecia a la Unión Europea es «irrevocable», pero el mal posiblemente ya esté hecho. De hecho, la bolsa española lo ha notado. Como se suele decir, “calumnia, que algo queda”. Por tanto, pese a ser importante que las instituciones europeas hayan reaccionado, la voz de Alemania es tremendamente fuerte y, muy posiblemente, estas amenazas afecten al resultado electoral y económico de Grecia. No debería extrañarnos que los pronósticos electorales de Syriza se vean afectados a la baja hasta el punto de hacer peligrar los pronósticos de victoria. Y si así es, una vez más, estaremos ante la victoria de la economía sobre la política, de los acreedores (alemanes) sobre los votantes (griegos), de los mercados sobre la democracia.

Vistas las noticias, leídos los periódicos, revisadas las notificaciones, Michael Moore cada día parece tener más razón cuando dijo que:

“El capitalismo es un mal, y el mal no se puede regular. Hay que erradicarlo, y reemplazarlo por algo que sea bueno para todos. Ese algo se llama democracia.”

(Capitalismo, una historia de amor, 2009).

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