La Ley Mordaza es un obstáculo más para la democracia en España


Originalmente publicado en Publicoscopia.

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Greenpeace ‘amordaza’ a los leones del Congreso para rechazar nueva Ley de Seguridad. (Efe)

Hace unos días el catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Fernando Vallespín, escribía un artículo en el que dejaba una frase a mi parecer muy interesante (como el resto del artículo):

“El miedo no se combate recortando la libertad en nombre de la seguridad o volviendo al calorcito de las identidades primigenias. Solo se alcanza persistiendo en la defensa de unos principios cuyo poder no reside en que sean “nuestros”, sino en que son de todos. ¡Más Ulrich Beck y menos Huntington!” (Fernando Vallespín – @FVallespin)

Mientras que Fernando hacía referencia en su artículo a los entonces recién acontecidos atentados de París contra el semanario humorístico Charlie Ebdo (#JeSuisCharlie), yo quiero pararme en estas líneas a reflexionar sobre la ley recientemente aprobada en el Congreso de los Diputados, la Ley Mordaza (Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana). Lo hago por el mismo motivo por el que muchos otros lo están haciendo, es decir, porque recorta derechos. Sin embargo, me gustaría matizar aquí que no lo hace por cualquier cosa, sino que lo hace en nombre de la seguridad. La pregunta es: ¿la seguridad de quién?

Seguridad precisamente es el nombre que adopta la ley; y mordaza, contraria a la libertad, es el nombre que las calles le asignan. ¿Una ley por la seguridad o contra la libertad? Es difícil responder a una pregunta que, por definición, no tiene solución. Es una ley que, como muchos otros dilemas en filosofía, nace de la disyuntiva entre dos valores opuestos y que en esta ocasión –eso sí lo podemos responder– pretende decantarse más del lado de la seguridad, pero de la seguridad de un colectivo determinado, de los que gobiernan. ¿Son más seguras las calles por estar inundadas de policía y de represión estatal? Dependerá de qué entiendas por estar seguro, de quién seas, qué escaño ocupes y de si entiendes la seguridad sin libertad.

“La brutalidad policial no es accidental. En la ciudad revanchista la política que se sigue es la brutalidad policíal (…)” (Smith, 2005) [1]

Pero este debate no es nuevo. Desde el pacto social que Hobbes analizó y prescribió (para momentos de caos político), el hombre ha prescindido de ciertas cotas de libertad con el objetivo de gozar de mayor seguridad, de no sucumbir ante el «estado de naturaleza». Sin embargo, hoy en día nos encontramos en un contexto en el que en los territorios en los que supuestamente gozamos de mayor seguridad, vemos ésta amenazada (principalmente por la amenaza terrorista) y, como reacción, respondemos restringiendo la libertad, lo cual genera en términos teóricos un debate apasionante que por falta de espacio no analizaré aquí.

La amenaza a la seguridad en ocasiones es exterior pero la restricción de nuestra libertad vendrá y proviene fundamentalmente de nosotros mismos, de nuestro Gobierno. En el caso de la Ley Mordaza, la amenaza a la seguridad parece ser el propio pueblo, o así es entendida por el Gobierno, el cual siente la necesidad de protegerse frente a él. Vemos un Gobierno absoluto, sospechoso de corrupción y enquistado, frente a un pueblo movilizado e indignado. Si el poder del Estado, delegado para garantizar el resto de nuestros derechos,  no encuentra límites y es usado para limitar los derechos que debería garantizar, pasa de ser Estado de Derecho a Estado Absoluto y entonces ni hay derechos ni hay democracia.

¿Una ley por la seguridad o contra la libertad? Contra la libertad de todos y la seguridad de unos pocos, contra la democracia y en favor del gobierno absoluto, contra la protesta y en pro de la impunidad. Como escribió hace poco en Publicoscopia el catedrático de Ciencia Política Ramón Cotarelo, la Ley Mordaza supone una vía de vuelta a la dictadura y «[l]as energías que el Estado debiera emplear en perseguir, erradicar y hacer imposible en el futuro la corrupción, las emplea en perseguir, reprimir y silenciar a quienes protesten contra ella.» En definitiva, es un obstáculo más que el Partido Popular pone a la democracia en España. Y, mientras tanto, juegan con el miedo.

Ramón Cotarelo en Publicoscopia
Ramón Cotarelo en Publicoscopia

[1] Smith, N. (2005). El redimensionamiento de las ciudades: la globalización y el urbanismo neoliberal. Capital financiero, propiedad inmobiliaria y cultura, 59-78.

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