Grecia: por fin, la decisión es política


 

Originalmente publicado en Publicoscopia.

Alexis Tsipras. Fuente: Greek Reporter

El Editorial de El País del 22 de junio (La decisión es política), así como otros artículos que he podido leer a lo largo de esta semana de tensión en Grecia, me han llevado a querer matizar algunas cosas y aportar mi punto de vista al debate. Es un Editorial muy sugerente y referente a la situación griega, a las tensiones entre el deber de proteger a los acreedores/inversores y el deber de proteger a los deudores públicos y, consecuentemente, a la ciudadanía griega. Como en esta ocasión la decisión es política, hoy seré Tsipras.

«No se trata de que la política contraríe la economía, sino de que la dirija». Esta es una de las frases que, desde el punto de vista del análisis teórico político, más interés tiene. Partiendo de Habermas, resulta inevitable que la economía, el poder de los mercados, se represente en nuestro subconsciente como esa figura que el filósofo político alemán denomina «los imperativos sistémicos».

…por primera vez desde hacía ya demasiado tiempo, parece que, por fin, la decisión será política”

«¡No hay alternativa! ¡Estáis locos, así funciona el sistema! ¡Vais a hacer que os echen de la eurozona, caeréis en recesión y la población quedará sumida en la más profunda miseria!» son algunas de las advertencias más comunes que se dirigen al gobierno heleno por su beligerancia frente a las instituciones europeas y las condiciones impuestas a la solidaridad económica. De hecho, puede que en algunas de estas advertencias tengan razón (la situación de “corralito por la que atraviesa ahora Grecia lo indica), pero ¿y? No se me malinterprete. Con esta pregunta quiero traer a debate un dilema muy interesante: por primera vez desde hacía ya demasiado tiempo, parece que, por fin, la decisión será política. Tsipras puede hacer dos cosas: (1) renunciar (más) a sus promesas electorales y al referéndum, decepcionando así al electorado aunque presumiblemente manteniendo para la ciudadanía griega unos estándares de vida al menos no peores a los actuales o (2) no renunciar a ellos, mantener la confianza y la conciencia política tranquila, evitar doblegarse ante «los imperativos sistémicos» y, por lo tanto, seguir jugando contra el método europeo. Una vez más, la voz del pueblo se entiende como opuesta a la responsabilidad económica y de gobierno de las instituciones públicas. Esta vez sin embargo la decisión de si obedecer (o no) a los imperativos podría ser política (en caso de celebrarse el referéndum).

Bassets plantea acertadamente la situación griega en términos del trilema de Rodrick. ¿Por qué combinación entre Estado Nación, democracia y globalización optará Tsipras? En Europa predomina la opción «globalización»-«Estado Nación», quedando apartada la tensión sobre el respeto a la «democracia» (eres Estado soberano en tanto en cuanto tus decisiones sean acordes a tus acuerdos supraestatales ¡o sino que se lo digan a Zapatero y Rajoy con el artículo 135 de la Constitución!); es la tensión inevitable entre responsabilidad (de gobierno-económica) y la receptividad (hacia la ciudadanía y sus demandas). Como dice el presidente Hollande, “el referéndum griego es una decisión soberana”, pero “un ‘no’ querría decir no a Europa” (Juncker).

…Un referéndum –en esta situación– podría eventualmente resultar catastrófico económicamente pero nunca podrá ser catastrófico políticamente o en términos de democracia”

Tsipras podría, o bien seguir negociando con su oferta/programa de solución avalada en las urnas hasta alterarla tanto que no fuese reconocible, o bien seguir tensionando la contradicción entre lo avalado en las urnas y la responsabilidad para con Europa y sus instituciones políticas y económicas. Un referéndum –en esta situación– podría eventualmente resultar catastrófico económicamente pero nunca podrá ser catastrófico políticamente o en términos de democracia. Que la ciudadanía griega pueda decidir en referéndum su destino es ni más ni menos que la prueba de que en la situación griega, sea cual sea el desenlace y si la votación se realiza finalmente vía referéndum, tendrá una solución no sólo política frente a los imperativos de los mercados, sino también democrática frente a los imperativos de la Unión Europea, la cual insistirá en que Grecia tendrá que atenerse a las consecuencia.

 

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