Crónica de la presentación de ‘Mediterráneo: el naufragio de Europa’


Originalmente publicado en Diario Publicoscopia.

Fotografía del 23 de abril de 2015, que muestra a cerca de 200 inmigrantes en una zodiac mientras son rescatados por el buque de la guardia italiana "Denario" en el mar Mediterráneo. | EFE.
Fotografía del 23 de abril de 2015, que muestra a cerca de 200 inmigrantes en una zodiac mientras son rescatados por el buque de la guardia italiana “Denario” en el mar Mediterráneo. | EFE.

El pasado 24 de septiembre tuve el inmenso honor de asistir, en aquella sala abarrotada de gente del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, a la presentación del último y oportuno libro de uno de los más importantes pensadores de este país, de alguien que abre nuevos horizontes intelectuales y éticos con cada una de reflexiones. Se llama Javier de Lucas, es murciano y tenemos el honor de que sea catedrático de Filosofía del Derecho en la Universitat de València. Y por si esto fuese poco, le acompañaron otros dos grandes e influyentes pensadores: Joan Romero, catedrático de Geografía de la misma universidad (del cual tuve el honor de recibir clases durante mi formación universitaria), y el reconocido a nivel internacional Sami Naïr, catedrático de Ciencias Políticas en la prestigiosa Sorbona.

Aquí comparto algunas de las reflexiones que considero más importantes:

Empezó hablando Joan Romero. Según éste, lo que hoy estamos viviendo a través de nuestras pantallas, radios y periódicos es –añado yo aquí– la expresión más viva y clara del «naufragio moral y político de Europa».

Estamos hablando de cuotas –denunció. Romero desprendía indignación no sólo por observar unas instituciones europeas perdidas en infructíferas y amorales discusiones referentes a cuotas de –recordemos– personas, sino que (encima) éstas discusiones lo son sobre unas cantidades que todos los ponentes demostraron irrisorias en comparación con las asumidas por otros países. Estamos hablando de 120.000 personas a acoger entre todos los Estados que tienen en conjunto el PIB más grande del mundo (recalco: entre todos, no cada uno). Y aun así, las élites europeas se encuentran discutiendo y racaneando sobre las imperturbables frías cifras. Frente a esto –según explicaron–, países mucho más pobres (económicamente, se entiende) que los europeos, están acogiendo (y vienen haciéndolo desde hace tiempo) del orden del millón de personas desplazadas a causa de este y otros conflictos como el de Libia. Romero habló de países concretos como, por ejemplo, Túnez, el cual acogió población procedente de Libia en la etapa de mayor inestabilidad sufrida por este país tras las revueltas árabes.

«Es el mayor drama humano desde la 2ª Guerra Mundial» – Joan Romero

El catedrático de Geografía definió la crisis humanitaria de los refugiados como «el mayor drama humano desde la 2ª Guerra Mundial». Un drama que –denunció– necesita de mucha más visión de largo plazo frente al cortoplacismo de las legislaturas. Es más –añadió–, esto se da en el contexto de los Estados liberales, donde las élites saben –dijo– que no sirven para nada más que para «aportar tranquilidad y garantizar la soberanía nacional», lo cual es claramente un escollo para la búsqueda efectiva de soluciones. En este contexto, la exaltación y rechazo de la otredad se convierte en la tónica habitual. Y esto se enfrenta, paradójicamente, con otra realidad. Y es que, en unos años –afirma–, Europa va a necesitar «no menos de 40 millones de inmigrantes» para asegurar su sistema social y económico. Europa –dijo citando a Galeano– va a necesitar a «los ninguneados del siglo XXI».

«Debemos sustituir el pesimismo de la razón por el optimismo de la voluntad» – Joan Romero

Los 120.000 inmigrantes –explicó Romero– supondrían un irrisorio 0,027% de la población europea. ¿Es, acaso, esta cifra comparable con el millón de personas desplazadas a Túnez, la cual tiene una población y una economía mucho menor que la del conjunto europeo? Romero nos habló de retomar la solidaridad no como retórica sino como deber; nos exhortó a desvincular estas problemáticas del discurso basado en la preservación del orden púbico; nos animó también a emprender una verdadera agenda europea y sustituir, en esta tarea, el «pesimismo de la razón por el optimismo de la voluntad»; asimismo, nos exhortó a buscar el acercamiento de las dos tierras que el Mediterráneo separan pues, «siendo tan cercanas, nunca habían estado a tanta distancia» –dijo.

«En los últimos 30 años, el valor de la solidaridad ha sido sustituido por el de la hostilidad y el lenguaje de la guerra» – Sami Naïr

Sami Naïr tomó la palabra a continuación y alentó a repensar, de manera más precisa, la relación entre el derecho y la solidaridad. De nuevo, este autor –que poco pudo añadir a la intervención de Romero– destacó el valor olvidado de la solidaridad y la búsqueda de la dignidad. Este valor, así como el similar principio de la hospitalidad,–afirmó Naïr– ha desaparecido en los últimos 30 años para ser sustituido por la hostilidad y el lenguaje de la guerra (por ejemplo, vemos cómo los medios hablan de avalanchas, invasiones, etc.).

Éste denunció que Europa está en situación de naufragio porque directa o indirectamente es responsable de los conflictos y penurias de los países que provocan el desplazamiento de millones de personas pero, sin embargo –y estas no son palabras literales–, ésta mira hacia otro lado. Además, volvió a recalcar la irrisoria cifra de personas a la que Europa debería dar acogida en proporción a su población y el tamaño de su economía, frente a otros países que vienen dando un ejemplo de humanidad al continente que se considera adalid de los derechos humanos y el progreso.

Finalmente, Naïr nos animó a leer y a defender un libro que, sin duda, se puede convertir en una poderosa arma de movilización de conciencias adormecidas. Por último, Javier de Lucas aclaró que él no cree que Europa deba naufragar y que opina que los ciudadanos debemos tomar nuestra responsabilidad como tales y los medios cumplir su papel movilizador (como actualmente, cuando el tema está de moda, lo están haciendo). No importa si es por una imagen de refugiados aparecidos muertos en un camión o si es por el impactante final del naufragio que nos mostró el cuerpo de Alan Kurdi yaciendo sobre la arena; lo importante ahora es ser conscientes de que estamos ante lo que en economía se llama «ventana de oportunidad» y que debemos aprovecharla para remover conciencias.

Debemos ser conscientes de que no sólo tenemos una obligación moral para con las personas demandantes de asilo, sino también un contrato firmado en pro de la vida de éstos, un deber, un compromiso jurídico internacional. Además –dijo– son necesarias estrategias de largo plazo que rompan las barreras del cortoplacismo de las legislaturas. Y, tomando su palabra, animo yo a los lectores y lectoras de este artículo a leer y reflexionar Mediterráneo: el naufragio de Europa.

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