Hobbes y Agustin, representación y control en el mundo Moderno


leviathan
Imagen incompleta de la portada de “Leviathan”, de Thomas Hobbes.

Las Dos Espadas y el Leviatán moderno

San Agustín y la Teoría de las Dos Espadas

Agustín de Hipona, un teórico africano del Siglo V, devenido en Santo Occidental, en su obra ‘‘La Ciudad de Dios’’ pone en juego los conceptos de Dios y el Estado como los dos órganos más importantes de gobierno sobre la faz de la tierra. Estos dos órganos que a partir hoy actúan en forma más o menos separada, en la Edad Media actuaron muchas veces (o casi siempre) conjuntamente.

En este sentido, de acuerdo con San Agustín, la Ciudad de Dios está a cargo de la Iglesia, mientras que la Ciudad Terrenal pertenece al Estado imperial, ambas ciudades coexisten en la tierra y el fin último de la Iglesia y el Imperio es que el hombre alcance la salvación. Esta teoría es llamada la Teoría de las Dos Espadas y de ella derivan las Monarquías legitimadas en el Derecho Divino de los reyes como electos de Dios para consignar sus designios en el mundo terrenal.

Obedecer al Rey, y obedecer a Dios, en la Edad Media, eran una y la misma cosa. El Estado vendría a ser la institución que otorga la posibilidad de vivir según la voluntad de Dios, y bajo sus leyes. Esto nos brinda una concepción no sólo Teócrática del Estado y la Historia, sino también providencialista, y si bien no establece un programa político claro, si funda principios claros en términos morales, donde existe una identificación entre el Orden Natural y la Voluntad de Dios, unificando la vida de ambas ciudades bajo el conocimiento de la Verdad Revelada.

La Teoría de las Dos Espadas

La Teoría de las dos Espadas fue aplicada por primera vez por el Papa Gelasio I. En una carta que mandó al Emperador Anastasio en el año 492, declaró existían ‘‘[…] dos fuerzas que gobernaban el mundo: la sagrada soberanía del sacerdocio y el ejecutivo poder del Principe. Ambas fuerzas otorgadas por Dios. El Poder Sacerdotal es superior al del Emperador, ya que la iglesia guiará (inclusive) hasta el alma del Emperador. Sin embargo, la autoridad eclesiástica debe atener a las reglas de carácter secular impuestas por el Emperador. [[1]]

Es por este motivo que, además, Agustín presupone que la Ley que hace el hombre, tiene conexión con la Ley Divina, en tanto la primera se realiza acorde a la segunda. El Plan Divino no puede ser cognoscible, naturalmente, pero si puede subordinar el Estado como institución capaz de interpretar la Ley Divina, y hacérsela llegar a los hombres mediante sus propias leyes, subordinando no sólo este último a la Iglesia, sino también la Política a la Ética.

Thomas Hobbes y la Metáfora del Teatro. La Representación en el mundo Moderno.

En su obra ‘‘Leviatán’’, Hobbes expone la condición humana en su puro estado natural, con anterioridad a la fundación del Estado civil; en ella, considera que los hombres están naturalmente inclinados al desencuentro, por lo que debe surgir una instancia superadora que los regule y le ponga coto a ese salvaje Estado de Naturaleza. El Leviatán, entonces, aparece como un poder mayor y define al Estado como una suma de voluntades particulares que logran consensuar que un poder mayor los rija, a términos de conservar su vida, su seguridad, y la seguridad de los pactantes. Si ese pacto se quebrantara, cabría la sanción del Leviatán sobre los infractores, o la rebelión de los pactantes contra el poder que ellos mismos instituyeron.

La Metáfora del Teatro y la teoría de la Representación Hobbesiana.
A partir de la Metáfora del Teatro, Hobbes explicará que un hombre es tal, en tanto sea consciente de sus actos y palabras, ya sea que los realice él u otra persona en su nombre. Por lo tanto, el acto o palabra puede ser Natural o Artificial. El soberano será actor (actúa por autoridad, el derecho a realizar una acción) y los súbditos pasaran a ser autores (le dicen al soberano que actúe por ellos); el Soberano actuará en nombre de ellos, por la autoridad que ellos le han delegado. Los únicos requerimientos que los súbditos pueden consignarle, en tanto autores, es que actúen en base a las condiciones preestablecidas, pero no pueden, es decirle cómo hacerlo. Es aquí donde la obligación recae sobre el Autor, y no sobre el Actor. Al actuar el Leviatán, no es más que como si yo mismo estuviera hablando o actuando, sólo que en términos representativos, lo cual implica que no sólo no se puede desobedecer, sino que hacerlo sería una contradicción.

El soberano solo debe rendir cuentas a Dios como autoridad suprema extra-terrenal y a quienes representa, garantizándoles los Derechos que se instituyeron en el Pacto Inicial [[2]]

Con esta explicación, Hobbes resuelve la Teoría de las Dos Espadas agustiniana (ya que el Leviatán sostenía en una mano la Espada, y en la otra un Báculo) y también da pie a todo el sistema de representación moderno, conjuntamente con la creación del Estado autoritario, con el monopolio de la fuerza legítima. En ese sentido, creo, que más allá de las disidencias que puede haber entre la Teoría de las Dos Espadas y la Teoría de la Representación, es posible pensar algunas cuestiones conjuntamente:

¿Es posible graficar una Teoría de las Dos Espadas hoy, en este caso, en la que el Nuevo Leviatán deberá tener en una mano la Espada que otorga garantía al Estado Moderno, y en la otra (en lugar del Báculo cristiano) un Dólar, representante del Poder Económico que domina a los Estados, a las sociedades, y a los individuos pautando sus mecanismos de actuar, consumir, y relacionarse? ¿Es posible pensar al Moderno Leviatán visto a través de una computadora?

[1] David Knowles, “Church and State in Christian History,” Journal of Contemporary History, vol. 2, no. 4 (oct., 1967): 7.

[2] Se parte de la idea de que todos los miembros del grupo están de acuerdo por voluntad propia con el ‘Contrato social’ o ‘Pacto Inicial’, en virtud de lo cual admiten la existencia de unas leyes a las que se someten. El pacto social es una hipótesis explicativa de la autoridad política y del orden social.


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