No es momento de viralizar a ‘la Manada’


Una de las imágenes compartidas en redes sociales protestando contra 'La Manada'

En las últimas horas se ha viralizado un mensaje que concluye con la frase “Sería una pena que se viralizase esta imagen, ¿verdad?” y la acompaña de las fotografías de los cinco acusados de la violación de una chica durante los Sanfermines de 2016. Poco más de un año después del terrible y deleznable supuesto suceso, el caso llega a juicio y, ante la petición de la defensa de respetar la intimidad de sus defendidos y el rechazo por parte del tribunal de una prueba altamente incriminatoria como son las conversaciones de Whatsapp de los acusados, las redes se han encendido para emitir su propio juicio.

Como este blog es un espacio de reflexión abierto a diferentes perspectivas siempre y cuando respeten el requisito de sometimiento al tercer grado de la razón, comparto estas líneas que no serán populares pero sí manifiestan una posición -espero al menos- respetable. En primer lugar y para aclararlo de cara a todo aquel o aquella que no llegue a los últimos coletazos de este texto, adelanto: considero que son culpables pues todo indica esto, pero no soy yo quien ha de juzgarlo y, de la misma manera, no considero que deban ser las emociones de las redes sociales las que deban decidirlo (aunque ya lo hayan hecho).

La Justicia no ha de ser ni lenta ni apresurada; sin garantías esta es imposible

El sistema judicial, con sus garantías, procedimientos y resortes (a veces incomprensibles), tiene muchas elementos negativos, pero una de ellos no es la presunción de inocencia. ¿Y por qué dicha presunción es tan importante? Porque la cárcel, el deshonor de haber pasado por ella y las condiciones de vida que esta proporciona, supone uno de los castigos más severos a los que -según el sistema de justicia en democracia- se puede someter a una persona (el otro es la muerte, pero en Europa ya convenimos en eliminar esta opción). Hay quien dirá que no, que la cárcel es algo fácil de sobrellevar y que incluso reporta beneficios al reo, pero, para poner en duda esta afirmación creo que tan sólo hay que ver el aspecto desmejorado de aquellos que estuvieron en cárceles para ladrones de guante blanco, quienes disfrutan de mejores condiciones de vida que las del preso común. El caso, sin embargo, no es este sino otro: la presunción de inocencia es uno de los valores más preciados de la Justicia y si este valor se liquida la justicia encuentra demasiados escollos. La Justicia no ha de ser ni lenta ni apresurada; sin garantías esta es imposible.

Casi como una reminiscencia de nuestros antepasados, deseamos correr a la plaza para exhibir las manos cortadas del caco y disfrutar con la mofa colectiva

Con cuestiones tan dolorosas como estas, de una manera instintiva el odio se suele apoderar de nuestros sentidos. Casi como una reminiscencia de nuestros antepasados, deseamos correr a la plaza para exhibir las manos cortadas del caco y disfrutar con la mofa colectiva. Incluso sin la exigencia de un juicio justo, sin haber agotado las vías para demostrar su culpabilidad (en este sistema debe demostrarse esta y no la situación opuesta, es decir, la inocencia), todos o casi todos caemos en la maldición tuiteada. Yo mismo siento asco al ver sus caras. Es más, tengo la sensación de que son culpables. Pero esto no debería ser así.

Ojalá no me gane enemigos al decir esto, pero quizás nos estemos excediendo como sociedad cuando nos creemos legitimados para lanzar tomates y piedras al sospechoso mientras se dirige a ser juzgado

Por otro lado está la cuestión del honor: hemos convenido que existe un derecho al honor de las personas (muy cuestionable en el caso de estas personas, si es que son halladas culpables), pero tengo la sensación de que, como sociedad, solo en contadas ocasiones somos capaces de respetarlo. Sí, somos capaces de hacerlo en el caso de los niños, habitualmente con las víctimas y su identidad, pero jamás con los sospechosos de delitos. Ojalá no me gane enemigos al decir esto, pero quizás nos estemos excediendo como sociedad cuando nos creemos legitimados para lanzar tomates y piedras al sospechoso mientras se dirige a ser juzgado. No hacemos ningún favor a la fundamentación moral de nuestra civilización. Estos son simples reflejos de barbarie, nada propios de quienes pretenden encarnar la modernidad y el proceso civilizatorio.

Recuerdo cómo lloré al ver como apedreaban en Libia al dictador Muamar el Gadafi. Sabía de su culpabilidad, y aún así lloré. Pensé que una muerte así no era justa ni para alguien como él. Me pareció una manifestación de barbarie humana.

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